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La historia de Ángel, solo era un muchacho (23)


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Sentí como besaba mis labios antes de levantarse y marchar al baño, me hice el dormido para no distraerle, Álvaro había dormido muy poco dando vueltas en la cama desde que pensó que me había quedado dormido y a veces con sus movimientos me despertaba.

Sabía que estaba preocupado, deseando acertar en la decisión que tomaran, y yo no quería insistir para forzarles a que lo hicieran por complacerme a mi aunque era lo que deseaba, que dispusieran de mi para los dos.

A veces pensaba que me había vuelto loco y no sabía explicarme que pudiera amar a los dos hombres tan locamente y desearles con la misma fuerza. Debía tener algo mal en mi cabeza o algún cable se me había cruzado para desear de tal manera estar, no solamente con mis dos amores, si no desear otros hombres cuando no me controlaba.

Bajé a desayunar con el móvil que me había enviado Eduardo en la mano, impaciente por descubrir lo que podía hacer con él, era un buen aparato y Pablo, como me había dicho, me tenía grabados los teléfonos de todas las personas que conocía, también de otras de las que no había oído hablar.

Lo dejé descansar sobre la mesa al ver como Victoria me miraba curiosa.

Los libros que Pablo me entregó me los enviaba Guido, no eran libros de estudio, se trataba de dos novelas que deseaba que leyera.

Una de ellas con demasiadas páginas de lectura como para animarme a abrirla, la dejaría para último lugar, “El juego del ángel” de Carlos Ruiz Zafón.

La otra más asequible y que no daba tanta pereza empezarla, “Escucha mi voz” de Susanna Tamaro. La abrí para leer la introducción y pensé que iba a ser interesante.

Al abrir el envoltorio apareció un sobre sin cerrar y que lo dejé pendiente hasta conocer de que trataban los libros. Era una simple nota que me emocionó.

Apreciado Ángel:

No deseo ponerte a trabajar desde ahora, quiero más bien que pases unos felices días en estas fiestas, y disfrutes la lectura de las dos novelas que te he escogido.

No es mi intención despertar tristes recuerdos, pero quiero que sepas que todos hemos estado contigo, a tu lado, desde el primer momento que nos enteramos de la noticia.

En parte nos sentimos responsables de que sucediera al salir de la academia aunque no tengamos culpa.

Le dije a Ian mi intención de enviarte los libros para que te entretuvieras, me rogó que te dijera que se siente arrepentido por su abuso, y que le gustaría pedirte perdón por lo que te hizo.

Creo que dice la verdad cuando afirma que sus sentimientos hacia ti no son los que expresó en aquel momento, que en realidad siente admiración y más que aprecio hacia ti. Si tiene oportunidad, y se lo permites, te lo dirá personalmente, de momento quiere que lo sepas.

Después de las fiestas nos pondremos en contacto contigo par seguir avanzando.

Un abrazo

Guido

Pensé un momento en sus palabras y también en lo que Ian pudiera sentir realmente, tampoco podía cargarle toda la culpa por no poder contener sus deseos, ahora comenzaba a ser consciente de los sentimientos que despierto en algunos varones.

Había subido a mi habitación y vuelto a coger el móvil investigando, me encantaba, y más al permitirme constatar que ya no era un prisionero y estaba vigilado, entonces vibró en mis manos.

-¿Ángel? -era la voz de Pablo y me parecía alegre, dándome a entender que se sentía contento.

-Esperaba vuestra llamada, que alguno de los dos os acordarais que estoy sobre ascuas, haciendo tiempo esperando las noticias.

-No me riñas aunque tengas razón, te llamo para que le digas a Victoria que no comerás en su casa, han organizado una comida de fin de año y estamos invitados. Y lo que más nos importa. Síííí, los dos estamos de acuerdo pero eso lo dejo para decírtelo personalmente.

-Creía que estabas entreteniéndome para decirme lo peor. Pablo…, gracias. Te quiero y bajo para ver a Victoria.

Creía que iba a ser diferente y me iba a poner a dar saltos de alegría, y vaya, que si estaba contento, pero en el fondo tenía la confianza de que era lo más probable que sucediera.

Encontré a la madre de Álvaro en la cocina dando instrucciones al personal, y esperé en el salón a que terminara para nos interrumpirla. Miraba por la ventana el manto blanco caído durante la noche.

-¿Me buscabas querido? -Victoria me pasó el brazo izquierdo por la cintura colocándose a mi lado para mirar el blanco paisaje.

-Me ha llamado Pablo que pasará a recogerme, quiere que le acompañe a una comida de fin de año. -me soltó la cintura para agarrarme la mano y apretármela.

-Lo había pasado por alto, hoy es la comida que tiene el personal de don Ernesto, no se si te va a gustar, se trata de una comida exclusiva de hombres. -Victoria apretaba ligeramente mi mano sin llegar a soltármela.

-No sabía de lo que se trataba, Pablo ha estado con Álvaro en su trabajo y seguramente lo hayan acordado.

-Esta bien, no es importante, la comida se puede guardar. -dejamos de hablar un instante, pero no de seguir mirando el hermoso paisaje de impoluta blancura que se extendía hasta la cumbre del monte donde me llevó Eliseo.

Tuve que esperar más de veinte minutos para que Pablo llegara, la nieve obligaba a extremar las precauciones para conducir. Le esperaba preparado y solo tenía que embutirme en el abrigo para salir.

Nos despedimos de los padres de Álvaro.

-Cuida de Ángel y ten cuidado al conducir. -Victoria nos acompañó a la puerta para despedirnos. El coche que había traído era la ranchera que conducía su tío y la arrancó para emprender el camino.

-Vamos tarde, me entretuve demasiado con Álvaro y haciendo unas compras. -para mi que era un inexperto en la conducción me parecía que iba a mucha velocidad.

-Para un momento el coche. -le sujeté la mano para reforzar mi petición.

-Vamos con retraso Ángel.

-Por favor, detente un momento. -fue reduciendo la velocidad y se detuvo en el arcén. Se volvió hacia mi mirándome indulgente.

-Ten un poco de paciencia, te lo contaré todo a su tiempo.

-Pablo, quiero que me des un beso, has llegado y ni siquiera me has saludado. -abrió los ojos perplejo.

-¡Oh! Pequeño, perdóname, es por la prisa que llevo. -me abrazó como yo quería y busqué sus labios para besarlos.

-No vuelvas a hacerme algo así.

-Pero Ángel, esto no va a volver a ocurrir, estoy loco de alegría precioso, con prisas y no razono muy bien, perdóname, ¿vale? Ahora te lo compenso. -sus besos eran muy rápidos, queriendo besarme toda la cara a la vez y haciendo que me riera.

-Pablo mi amor, es verdad que estas loco.

-Por ti mi vida. -estuvimos un montón de tiempo abrazados y creo que fue el frío que le obligó a emprender el camino.

-Vamos a la haciendo de Oriol, su abuelo, don Ernesto, hace una comida todos los años por estas fechas para los hombre que trabajan para él, pensé que te gustaría venir en lugar de quedarte encerrado en casa.

-Ya me lo ha aclarado Victoria, y que solo hay hombres en la comida también. -a pesar de la nieve llegamos sin problemas, entramos por la puerta principal y tuvimos que atravesar la casa hasta llegar al comedor donde tenían dispuesta la mesa.

Estaban sentados y comenzando a comer el primer plato, el señor Ernesto presidía un extremos de la mesa y observé que aún no había probado la comida, en el otro estaba Eliseo y en los laterales se sentaban ocho hombres, entre ellos estaba Marcos, pasamos a saludar al abuelo de Oriol y allí teníamos nuestro lugar reservado.

Todos aquellos rudos hombres de campo, si exceptuamos a don Ernesto, me miraban observándome, Eliseo me dirigió una sonrisa pero no hablo y solo hizo un gesto de saludo. Pablo se acercó a su tío para decirle algo al oido y luego volvió a su lugar.

-Esa cayendo mucha nieve don Ernesto, esperemos que compense la sequía que llevamos todo el año.

-Tenemos que repasar tu idea para la balsa artificial y buscar mejorar los costes, la amortización se alarga demasiado, pero mejor lo dejamos para otro momento cuando vengas definitivamente.

-No quedan más que seis meses, si todo me va bien para Junio ya termino, y el proyecto lo podré hacer aquí en directo con trabajos prácticos. -ahora me enteraba del tiempo que le faltaba para que acabase su carrera.

-Todos esperamos que sea así, don Mateo espera ver lo que hagamos para copiar de nosotros si nos va bien. -a partir de ese momento la conversación se generalizó, aunque el que más hablaba era Pablo preguntando a unos y a otros por sus familias y sus vidas.

Hubo un momento, y no supe si lo hacía a propósito, que me cogió la mano y la besó sin importarle hacerlo delante de todo el que lo quiso ver, afianzando de esa forma que había una relación que nos unía.

Después de la comida, y sin esperar los cafés, don Ernesto se ausentó, durante toda la comida vi que comía muy poco y disimuladamente le observaba, intentando desentrañar el misterio de aquel importante hombre que permitía que sus nietos pertenecieran a la organización, y no olvidaba que tanto él, como en menor medida don Mateo, habían pertenecido y aún tenían influencia en ella.

-Voy a enseñarle nuestra casa a Ángel y luego le llevaré de vuelta a su casa. -Eliseo, como los demás, estaba algo bebido para esa hora y parecía que no tenían prisas en terminar su tertulia y la partida de cartas que jugaban.

Se habían dispuesto en dos mesas diferentes después de que ayudaran a dos chicas del servicio que limpiaban todo aquello, dejándoles únicamente la bebida, el café y los cigarros, iniciaban dos partidas diferentes entre bromas y algún grito fuerte y ordinario.

Eliseo abrazó a Pablo dándole palmadas en la espalda que sonaban a puñetazos mientras reía muy fuerte, más que tío y sobrino parecía que fueran amigos ya que Pablo hacía lo mismo.

-Sí, llévale para que la vea pero no vayas a pasarte. -me miró a mi mientras hablaba guiñándome un ojo, y entendí con claridad su indirecta que me puso rojo.

La casa de su tío Eliseo estaba un poco apartada de la casa principal, y del resto de las casitas de trabajadores, y de las naves de almacenes y talleres, ya lo sabía por la otra vez que me trajo su tío. En el momento de entrar me colgué de su cuello sin dejarle que avanzara.

-¿Esta será nuestra casita? -me besó mientras me empinaba cogiéndome de las nalgas para pegarme a él.

-No, pequeño, por lo menos de momento no será así, ese es uno de los puntos que hemos acordado esta mañana, estarás mejor en la casa de Álvaro, cuidado y mimado por Victoria, ven vamos a la sala.

Me fue enseñando la casa, verdaderamente era pequeña, de tres habitaciones, dos de ellas al fondo de la casa, la de Pablo estaba en la entrada, era grande y por lo tanto parecía vacía por los pocos muebles que tenía, una sala comedor y una cocina, algún trastero con almacén de leña y poco más, pero por lo menos tenía calefacción y se estaba a gusto dentro de ella, la chimenea de la sala estaba apagada.

Nos quitamos la ropa de abrigo y Pablo se sentó en una butaca de dos plazas para levantarse de inmediato.

-Espera voy al coche un momento. -volvió a colocarse su parka azul con capucha y se dirigió al pasillo, en su ausencia miré curioso lo que contenía la librería, alguna foto de Eliseo con Pablo, o de Pablo con una mujer de estatura baja que supuse sería su tía, también suyas con Álvaro, y con Oriol y sus primos, alguna novela ajada por las veces que había sido leída, y sobre todo libros de agricultura, jardinería, además de pequeñas chucherías y recuerdos.

Me senté y encendí la televisión, regresó en pocos minutos y traía una bolsa en la mano que me entregó con una sonrisa mientras volvía a quitarse la parka.

-Es para ti, espero que te guste. -creo que prefería en ese momento que nos sentáramos para hablar, y para otras cosas más interesantes, pero me miraba ansioso, deseoso de que abriera los envoltorios que contenía la bolsa.

El primer paquete contenía varios micro pants, uno de ellos verde transparente, en otro varios tangas de distintas formas y colores y suspensorios de bandas que dejaban al aire el trasero, un tercero con leggings negros y blancos, alguno transparentes. Miraba asombrado todo aquel muestrario de ropa sexy.

-¿Como se te ha ocurrido Pablo? Tengo esta ropa de Oriol y la que Ana me ha comprado.

-Para que cambies de modelo, me encontré a un amigo que tiene una tienda de lencería y ropa interior de hombres, tenía que comprarle algo y me lo supo vender, ya ves. -sostuve un tanga en la mano mostrándole la miniatura que era y no pudimos contener la risa, me lancé a su cuello y le tiré sobre la butaca.

-No lo necesitaba, eres un pervertido Pablo pero te adoro.

-Espero que a Álvaro le gustes cuando te vea con ellos. -como había sacado a relucir el nombre de Álvaro esperé sabiendo que me hablaría sobre su conversación.

-Los dos te queremos, lo sabes, vamos a intentar compartirte como tu deseas y que puedas tenernos a los dos. De momento y hasta que tu quieras puedes vivir en su casa y ahora es lo mejor para ti.

-¡Ahh! Pablo os quiero y no sabría vivir sin uno de vosotros, gracias, gracias mi amor, sois tan comprensivos los dos. -le besaba deseándomelo comer en ese momento, mis adorados chicos habían consentido y eso además de increíble resultaba grandioso para mi.

-Te quiero Pablo, pensaba que te había perdido, y que ahora al no tenerme a tu lado estarías follando con Ana y don Manuel y yo te quiero para mi solo vidita, solo para mi aunque sea egoísta.

-Te extrañaba Ángel, algunas noches iba a tu habitación y me tumbaba en tu cama oliendo tu colonia, haciéndome creer que estabas a mi lado y me masturbaba imaginándote. -me sentía abrazado con fuerza contra su pecho y como iba metiendo las manos por debajo de mi jersey y camisa hasta tocarme la piel.

Su polla bajo mi cuerpo comenzaba a endurecerse y metí la mano pasa pasarla sobre ella en un suave masaje.

-Tu verga Pablo, la quiero para mi, que dura se esta poniendo.

-Eres tu quien la pone así, te desea pequeñín, ella también te echaba de menos.

-Me encanta tu polla gorda y larga mi amor, necesito chuparla mi vida. -levanté el pecho y me quité el jersey mientras él tiraba de la camisa intentando sacármela por la cabeza sin desabotonarla, cuando lo consiguió enterró la cara en mi cuello.

-Hueles como siempre, no cambias mi Ángel querido. me separé un poco parar mirarle y entonces colocó un dedo en la cicatriz de la bala que recibí y que aun se veía.

-Pudieron haberte matado por mi culpa, mi vida que tonto fui por no darle importancia a tus avisos.

-Pablo, querido ahora puedo decirte que te quiero sin que me lo prohibas, tu pensabas que todo estaba controlado, no tienes culpa alguna.

-Si mi amor quiero escucharlo, siempre lo deseaba, cuando te hacía el amor yo también quería decirte lo que sentía, como ahora mi pequeño, te quiero y te deseo. -metía las manos por la cintura del pantalón tirándomelo para abajo, dejando la mitad de mis nalgas al aire, me las apretaba entre sus grandes manos amasándolas.

-Mi vida, mi amor. -le besaba la boca cuando le dejaba y levantaba la cabeza para seguirme y que nuestros labios no se separaran, pero le necesitaba desnudo y comencé a desabotonarle la camisa a cuadros negros y rojos que llevaba.

-Espera Ángel ya me la quito yo. -se sentó y muy nervioso se retiro la camisa, no podía creer que volvía a ver de nuevo su poderoso pecho, de pectorales marcados y coronados con sus preciosas tetillas rodeadas de vello.

Mi cabeza se aplastó buscando sus penzoncitos para empezar a lamerlos y conseguir que los primeros jadeos escaparan roncos de su garganta.

-Vamos a mi habitación, estaremos más cómodos en la cama. -pero yo no quería abandonar el bocado de carne metido en la boca, ni de morderle el duro pezón. Me cogió en sus brazos y me tuvo que llevar en vilo a su cuarto.

-Aquí, aquí mi amor, deja que me quite el pantalón. -no podía con mi impaciencia y le mordía el bulto de la polla mojándole la tela. Dejé que se los quitara a la vez que yo me bajaba los míos llevándome el bóxer a la vez y pisándolos con los pies para retirarlos.

Estaba sentado en la cama y él sacándose una pernera a mi lado de pié, le cogí la verga en la mano metiéndola entre sus piernas. Se puso a reír y se desplomó sobre la cama sin terminar de quitarse el pantalón.

-¡Oh! No me dejas terminar. -intentaba impedirme que llegara con la boca a la polla y sin dejar de reír y luchar conmigo. De un salto me puse de pie y tiré del dichoso pantalón llevándome a la vez el slip y los calcetines, dejándole completamente desnudo agarrándose la verga con las dos manos, y mostrando el capullo que sobresalía sobre ellas.

Era una clara invitación a lo que deseaba que hiciera y me relamí los labios viendo la humedad de la punta del glande, me arrodillé entre sus piernas y le aparté las manos de la polla. Le miré haciendo un mohín caprichoso.

-Es mía no la maltrates. -ahora utilizó las manos para empujarme de la nuca hasta hacer que mis labios le tocaran la punta, y la besé muy suave para sentir la tersura de la piel prodigiosamente estirada y de un rojo brillante e intenso, con la mano la apreté en mi mejilla y elevé la vista, me miraba apoyado sobre los codos y abría la boca, sin que me hablara entendía que me decía que la verga necesitaba mi boca.

La di unas cuantas lamidas y le pasaba la palma de la mano acariciándola hasta que el capullo entró ocupando el lugar que mi lengua le reservaba.

-´¡Oooohh! Ángel que rico, cómela toda mi amor. -poco a poco mi boca se hacía a su tamaño, pero estaba tan sabrosa y rica que deseaba chuparla y degustar su exquisitez antes de tragármela entera.

Qué rica estaba y como se la mamaba, exprimiéndola para sacarle los jugos, me agarró la cabeza y empujó ordenando que hiciera lo que él quería, y fui haciendo hueco para que la inmensa polla se fuera deslizando hasta pasar la glótis, la mantuve unos segundos hasta que aflojó la presión de las manos.

Me asfixiaba y así quería que fuera, y que me produjera arcadas, su verga era más grande que la de Álvaro sin llegar a la de Yasin, y hacía meses que no me la daba, deseaba darle placer y volví a introducirla hasta que los pelos del pubis contactaron con mis labios, y así varias veces, estimulado por sus gritos roncos del placer que le producía mi mamada.

Hasta que me retiró la polla y me colocó en sentido inverso sobre él, con mi verga sobre su cara y dejándome la suya pegada a la barbilla.

-No quiero correrme aún hazlo más despacio. -era él quien ahora me chupaba a mi, cogiéndome de las caderas y subiendo y bajándome el cuerpo para que mi polla le penetrara la boca, yo solamente le seguía por la presión que ejercía cuando deseaba más o menos penetración, mientras tanto le besaba la polla o le lamía el escroto tirando de él para comerle los huevos.

Dejó de follarse la boca y la sentía en su cuello por fuera, se estiraba buscando una mejor postura hasta que la punta de la lengua entro en contacto con el ano. Comenzó a lamerlo muy rico abriéndome las nalgas para llegar a aplastar la lengua en mi culo.

-¡Sí, si Pablo, mi amor, ¡ayyy!, que rico lo haces. -sentía los latidos de mi ano abriéndose para que Pablo pudiera meterme la lengua, resultaba increíblemente delicioso logrando que expulsara los jugos en abundancia por el orificio de la polla.

Apoyé la cara en su verga, disfrutando de la sabrosa comida de culo que mi hombre me regalaba, haciéndome gemir desesperado por el placer que me llegaba, y deseando ya que la verga que tenía en la cara ocupara el lugar de su lengua.

Cerré el ano atrapándole la lengua, lo mismo que le pasaba a él, no quería correrme sin antes sentirle la polla en mi barriguita, todita metida en mi culito y sentirle como me llegaba hasta el fondo.

-Ya Pablo, por el culito mi amor, dame tu verga en el culo, quiero que me folles vidita. -se la besé una y otra vez despidiéndome de ella, deseándole un feliz viaje por el tunel de mi culito que la esperaba desesperado.

Me bajé de su cuerpo y me tendí a su lado empujándole, él me aprisionó colocándose encima de mi, buscó mi boca y le sentí el sabor a culo, a mi culito que terminaba de comerse bien rico.

-Mi Pablo, que rico me lo haces amor, me matas de placer.

-Ahora prepárate que viene lo mejor. -me abrazaba besándome la oreja.

-Estoy lleno de leche mi amor, la tengo reservada desde hace tiempo para ti, para llenarte el cuerpito. -me colocó las piernas apoyadas en el pecho y me las sujeté como él quería, iba a cogerme el culo en una posición que sabía muy bien como me llegaría con la verga hasta el fondo.

Mi ano se abría y cerraba deseoso de que su verga le entrara, y le venciera la poca resistencia que iba a oponer. Comenzó a apretar y veía en su cara el esfuerzo que hacía, la verga se le doblaba y la sujetó con una mano para mantenerle dura y tiesa mientras que con la otra se sujetaba para no aplastarme, hasta que su lanza de carne venció la dura resistencia de mi culo y se metió dentro.

-¡Aaahh! mi vida, mi verguita adorada métela entera hasta que no puedas más. -mi Pablo empezaba a sudar y se bajó para besarme en los labios.

-Te has estrechado Ángel, antes era más fácil entrar en ti, no te abres para que mi polla te entre mi amor, pero me gusta que estes así de estrecho. -después de descansar dándome besos volvió a subirse, pero ahora podía hacer mas fuerza apoyándose en las dos manos.

-Mi amor te siento prieto, abre tu culo, relájate, deja entrar a mi verga precioso. -según hablaba sentía como la polla avanzaba sin descanso y sin detenerse adentrándose en mi vientre.

Ahora estaba más estrecho y era natural, la única verga que me daban era la de Álvaro y esta era más pequeña que la suya.

-Pablo, ya entra amor mío, la siento avanzar en mi tripita y como me va llenado, cariño, que delirio, que placer sentirla otra vez.

-Ya, ya eres mío, no puedo meterla más, no va más adentro.

-Descansa amor, tengo el culo muy tirante, ¡Ohhh! Dios mío que placer más rico.

Era hermoso, era sublime sentirme lleno de palpitante carne, de la polla de mi Pablo, el sentirme como ahora, ahogado por su peso, aplastando mis piernas sobre mi pecho y con mi culo intentado estirarse para acoger el pedazo de adorable carne que seguía aumentando de grosor abriéndome más el ano.

-Ángel mi amor, mi adorado y pequeño tesoro. Ummm, que culito, que prieto amor, se nota que ahora no te follan como antes, me aprietas mucho la verga, me la vas romper y te la voy a dejar dentro. -mientras me hablaba se iba moviendo arrancándome gemidos lastimeros, con una mezcla de pequeño dolor y un placer que lo superaba y que cada segundo crecía.

-Si vidita mía, la siento rica, me aprieta demasiado pero esta muy buena tu polla, ¡ahhh! Pablo, muévete un poco mi amor, quiero correrme, que rica, que rica, Pablo, que rica es tu vergota amor.

Ya sudábamos los dos y era difícil soportar el placer supremo de su potente polla barrenándome el culito con ganas locas.

-Pablo, me voy a correr amor, siento un placer inmenso, tu verga es un prodigio, dame fuerte mi vida, quiero que me llegue el semen y vaciarme, dame, dame amor, vacíate tu primero, lléname el culito amor.

Sentía sus jadeos y como la verga se le hinchaba por momentos llegando al tope de mi culo, golpeando en el fondo insistentemente como un pilón y cada vez lo hacía más fuerte.

-Ángel te preñaré, te haré mujer en un momento, ya corre la leche queriendo salir de mis huevos, toma, pequeño, coge mi leche precioso, la guardaba para ti mi amor. ¡Ohhhh! mi vida, ya, ya, yaaaa.

Sus espasmos eran brutales y notaba salirle el semen con fuertes latigazos que me inundaban, llenándome la tripita y dándome el mejor de los placeres.

No cesaba de correrse, dando fe de lo que aseguraba antes, tenía los testículos llenos a reventar de semen que ahora me dejaba muy gustoso en mi cuerpo.

-Pablo, abrázame amor, yo también me corro ya. ¡Pablo, amor mío!, no tuve necesidad de tocarme la verga para empezar a eyacular retorciendo el cuerpo y haciendo que Pablo me abrazara para que no le expulsara de mi culo.

-Woow, que rico ha sido todo Pablo, quiero que me cojas cada día, dime que lo harás. -mi hombre se reía en mi oreja sin terminar de recuperarse aún.

-También tienes a Álvaro mi vida, vas a tener la polla que quieras.

-Quiero la tuya todos los días, la de Álvaro y la tuya mi amor, las dos son mías.

-Te vas a cansar de tanta verga.

-Nunca, nunca, me escuchaste, nunca me cansaréis.

Seguimos un rato abrazados sin que su verga saliera de mi culo hasta que empecé a sentir frío y Pablo lo notó.

-Vamos a lavarnos, ahora anochece temprano y tengo que llevarte a tu casa. -nos íbamos a levantar cuando sentimos que la puerta de la casa se abría.

-¡Pablo!, hijo échame una mano, ayúdame muchacho. -antes de darnos cuenta se abrió la puerta y Eliseo apareció, llegaba todo borracho y sin casi poderse sostener de pie apoyado en el hombro de Marcos.

La polla de Pablo salió en un segundo de mi culo y busqué algo con que taparme. Eliseo miraba con la vista perdida pero Marcos no dejaba de mirarme con una enigmática sonrisa.

-Lo he tenido que traer porque no da un paso por el solo. -Pablo estaba de pie al lado de ellos, desnudo, con la verga chorreando la leche que había salido con ella de mi culo.

-Ya me hago cargo de él puedes dejarlo. -Pablo abrazó a su tío quitándoselo al otro hombre y salieron al pasillo, supongo que para llevarlo al baño o a su habitación y Marcos estaba aún en la puerta, rápidamente se acercó a la cama y tiró de la sábana con la que me cubría dejándome allí desnudo y encogido.

-Así te tengo que llegar a ver gozando de mi polla putito. -desvié la mirada para ver lo que cogía en sus manos, un enorme paquete se le marcaba en la entrepierna.

-Un día te tendré y sabrás lo que es un auténtico macho ya que lo necesitas tanto mariconcito. -y sin más se dio la vuelta sin dejarme que le respondiera, aunque tampoco podría, la sorpresa había sido tremenda y todo pasaba a velocidad increíble.

Seguirá…

(9,50)

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