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Ya soy el puto del equipo (X): Somos campeones


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El tiempo que estuvo Marcos en casa dormimos poco. Era imposible dormir, pues teníamos que sacar tiempo para estudiar, correr cada mañana, ir al gym, ver la televisión y hacer el amor los tres cada noche. Todo esto fue un verdadero desgaste físico, pero también de un fortalecimiento psíquico, porque éramos alguien y considerados por alguien. Esto junto con unos entrenamientos en los que pasábamos del entrenador de modo muy disimulado, pues ya era evidente que no le quedaba ningún jugador partidario.

Encargamos a Mauricio Paredes, el mayor de todos por días de unos y meses de otros, que él diseñara la formación, de modo que en los días que quedaban jugaran un rato al menos los que nunca habían jugado y jamás faltaron a los entrenamientos. Mauricio se lo daba al míster y él mismo se convenció de que esto era obra mía. La verdad es que fue obra de casi todos, porque el mismo Mauricio ahora tenía mayor rango que nunca porque había estado desconsiderado por el míster al negarse a sus requerimientos. Esto lo supimos después de los escándalos que ocurrieron cuando todo salió a la luz pública, tal como veremos más adelante.

Por primera vez en la historia de la Universidad, nuestro equipo —Deportivo Universitario— se proclamó campeón de la liga local de clubes juveniles sub20. Todos amateurs y sin sueldo. El club pagaba solo el equipo deportivo, el entrenador y alguna vez una comida si ganábamos algún memorable partido a causa de algún memorable equipo. Yo sabía que la Universidad tenía una fuerte ayuda para sus equipos, aunque nadie supo nada al respecto hasta el día de autos.

El Ventura FC había caído frente al Deportivo Portiñol en la penúltima jornada. Esa fue la baza que necesitábamos para ir con más seguridad e ilusión al último partido para no perderlo. Para nosotros un empate era suficiente. Pero ese sábado, estando ya todos nosotros en el vestuario visitante del C.D. Fundación Lasadre, se levantó Mauricio Paredes pidiendo silencio mientras se acomodaba sus genitales dentro de sus jockstraps y se levantaba el short negro que nos correspondía, a pecho aún descubierto y tras las risas de los que lo vieron acomodándose sus huevos, dijo:

— Amigos y hermanos futbolistas, hoy puede ser para nosotros un día memorable o el día de nuestra desgracia. ¿De qué servirían nuestros esfuerzos en estas semanas pasadas si hoy ante estos chulos del Lasadre nos acobardáramos y perdiéramos? —silencio sepulcral—. Hoy tenemos que ganar por sobre todo, así nos caigamos al final del partido para no levantarnos nunca más. Si nos da un infarto, que los dioses del Olimpo nos coronen con laurel. No cejaremos: este campeonato es nuestro. ¡No vamos a perder!, ¡no vamos a perder! ¡Salimos para ganar! ¡Salimos para ganar! ¡Salimos para ganar!

Y todos exclamamos:

— ¡Salimos para ganar! ¡Salimos para ganar! ¡Salimos para ganar!

Nos abrazamos todos y salimos para ganar. El partido fue duro. Los del Lasadre estaban de sobreaviso y se habían preparado bien. Pero quedaron desorientados porque Mauricio y yo íbamos dando órdenes sin discusión y llegamos al descanso 0-1.

Otra arenga de Mauricio felicitándonos, sobre todo a Luis Calvero por meter el gol. Miró a Marcos como diciendo: «Ahora queremos uno tuyo». Incluso para que lo entendieran todos le dijo:

— ¡Queremos tener un hijo tuyo!

Salimos sonrientes y muy estimulados por las palabras de Mauricio, sobre el cual ya pensábamos todos que íbamos a tener capitán en el equipo Universitario de la categoría superior, pues la Universidad nunca había tenido más equipos, esta cantera lo podía formar, pues estaba muy motivada para ello. Una vez en el campo se notó la presión del Lasadre. Tuve que salir un par de veces a recoger las pelotas raseras. Pero no venían con fuerza, gracias a la resistencia de los nuestros. Toñete, un centrocampista nuestro, hizo una extraordinaria carrera, le pasó el servicio a Marcos y ¡Gol!. Marcó gol. 0-2 en el marcador.

Hubo una ocasión de peligro grave en mi puerta, pero por suerte que vi la imprevista pelota desde lejos en lo alto que iba adentro, alargué el puño y rebotó hacia atrás. Saque de esquina, otro peligro. Otra patada que le dieron entre varios al filo de línea de puerta y retorno por alto. Extendí las manos y cogí la pelota con seguridad. Se adelantaron todos. Tiré la pelota a Mauricio, corrió se la pasó a Marcos, estaba muy bien marcado por tres enemigos, regresó, se la pasó de nuevo a Mauricio, este se la dio a Ricardín, Ricardín se la pasó a Luis Calvero, chuta y ¡Goooool! Ya eran 0-3. Faltaban 5 minutos que discurrieron de susto en susto pero sin pena ni gloria. Pitó el árbitro final y nos fuimos todos alrededor de Mauricio abrazándole y abrazándonos. Fue el verdadero campeón de esa mañana.

Leoncio me ayudó a recoger todo. Me dijo que me iba a esperar y me ayudaría a recoger todo. Después de recoger las cosas abandonadas, nos duchamos, estaban esperando como ya tenían costumbre, Marcos y Abelardo. Cuando nos estábamos vistiendo, me dijo Leoncio:

— Me gustaría ser amigo tuyo; yo sé que esto no se improvisa, pero me caes bien, muy bien, de verdad, ¿sabes?

— Mira, Leoncio, estoy seguro que tú ya habrás oído decir cosas de mí…

— Sí, por supuesto que sí, pero eso no me extraña, yo también soy gay, mis padres y hermanos lo saben y lo que me dicen es que aproveche el tiempo estudiando, que ese es un asunto personal con el que yo tendré que lidiar en el futuro.

— Eso es verdad, cada uno lidiamos con lo nuestro, pero es cierto que la amistad entre nosotros nos da mayor fortaleza y seguridad.

— ¿Entonces somos amigos?

— Vamos a ser amigos, eso incluye con frecuencia la compañía de Abelardo y de Marcos, pero te invito a venir esta tarde a mi casa y conversamos los cuatro, si no tienes nada más que hacer…

— En principio no, pero yo suelo salir a veces con Fernando y Marcelo que dicen cosas extraordinarias de ti, no me gustaría que pensaran que los dejo a ellos…

— Me parece bien, la lealtad sobre todo, pero si no tienen donde ir, os pasáis los tres por casa o me avisas y nos vamos los seis a dar una vuelta y pasarla juntos..

— Eso estaría bueno, —y le alcancé una tarjeta con mi número de móvil..

Salimos los cuatro, Leoncio se fue por una calle de la derecha para tomar un bus y nosotros tres pedimos un taxi que nos dejó en casa. Comimos y en la sala les comuniqué lo que había conversado con Leoncio. Se alegraron y dijo Marcos:

— Esta movida, sin darnos cuenta, ha hecho que sepamos poco a poco quién es quien; bastantes chicos son gais en el equipo, es raro ¿no?, —dijo Marcos.

— No, no es raro —dije yo— en otro tiempo quizá, pero en la actualidad los gais somos más deportistas, vamos a gimnasio, natación y hacemos varios deportes; se nota cuando vas al gimnasio que, entre los esfuerzos, bastantes se miran al espejo, se pasean, esperan en vestuarios, se insinúan y muchas más cosas.

— Sí, eso es muy cierto, somos más deportistas como promedio, porque nos gusta mostrarnos y que vean que estamos en forma, pectorales, globos traseros, abdomen de tableta de chocolate —explicaba Abelardo—; yo también creo que antes estaban más descuidados de todo eso porque se escondían y tenían que mostrarse menos, pero ahora nos gusta estar dotados en todo el cuerpo y levantarnos la camiseta para que vean abdomen al menos plano.

— ¡Joder! Esta conversación es suave, pero me está poniendo, —dijo Marcos.

— Pues espera, no vaya a venir Leoncio, nos pille en plena faena sin contar con él y se le vayan las ganas de ser amigo nuestro, —dijo Abelardo.

— Mientras llama o viene, podemos ver algo en la televisión, —dije.

Se levantó Abelardo, tomó los mandos y escogió canal de animales salvajes. Había un programa sobre el tigre de Bengala y la amenaza que sufre su población, aunque últimamente ha tenido un pequeño repunte. Interesante programa.

Llama Leoncio a mi móvil para decirme que está por la Avenida, pero que no sabe el número de mi casa. Le digo el número y además que le voy a esperar en la puerta. Hacía buen clima y aunque no era verano hacía un calor agradable. Cuando llegó no tuvo reparos en saludarme con dos besos en ambas mejillas, lo besé igualmente y lo abracé

— Te estamos esperando…

— ¿Quién?

— Abelardo, Marcos y yo…

— Ah…, pero Abelardo está aquí desde que se puso enfermo ¿no?, pero Marcos ¿por qué?

— Porque está solo en casa y aquí estamos acompañados.

— Fernando no va a salir hoy de casa, su hermano está mal y ha de cuidarlo; Manolo se va con sus padres todo el fin de semana.

— No hay problema, ya nos reuniremos en otra oportunidad.

Leoncio miraba todo y se extrañaba de que fuera mi casa, porque no era la casa de un pobre. Le indiqué que es la casa de cuando mis padres vivían, que está igual, que no he tenido necesidad de cambiar nada. Así se enteró de que soy huérfano desde muy corta edad. Le presenté a mi taita para que contara con él para la merienda y porque le gusta ver a mis amigos.

Luego decidimos qué hacer, pero Marcos y Abelardo me miraban a mí para que yo dijera o le explicara a Leoncio. No tuve más remedio que decirle:

—Te esperábamos para decirte que ahora toca divertirnos, jugar un poco entre nosotros y te invitamos. Nos vamos a la ducha a limpiarnos el culo, luego nos quedamos desnudos y vais a mi cama o si lo preferís —decía ahora mirando a Abelardo y a Marcos— vamos a la sala de dentro que solo tiene una moqueta donde yo suelo hacer algo de gimnasia. Tú, Leoncio, no te preocupes, si quieres participas, si quieres miras, luego merendaremos y nos iremos a dar una vuelta, que Abelardo nos invita por su restablecimiento, que ya no le duele el costado y le han desaparecido las manchas de la cara.

Nos fuimos a mi habitación corriendo, jugando a perseguirnos, abrazarnos, acariciarnos… Entramos y me puse a ayudar a Abelardo a desnudarse y me dijo:

—Ya puedo yo solo…

— Pero es más sexy si te desnudo yo a ti y tu a mí…

Consintió y comencé a desnudarlo bromeando. Marcos y Leoncio se miraron y se desnudaron haciendo striptease mientras tarareaban alguna música circense. Me fui conecté mi móvil al altavoz y puse I Feel Love, el álbum, y a partir de ahí nos desinhibimos los cuatro y la espontaneidad se puso de manifiesto. Al compás de la música íbamos quitándonos prendas, tirándolas espectacularmente como en los strip-teases, hasta quedarnos los cuatro desnudos.

Abelardo y yo nos besamos y los demás también. Abelardo me arrimó a la pared para agarrándome del cuello trenzar sus piernas por mi cintura. Tuve que inclinar mi cuerpo adelantando los pies. Vi su maligna intención y sujetando todo su peso, me volví y lo apoyé en la pared, dejándolo luego caer con su culo sobre mi polla. Me besaba y yo le sujetaba con una mano y con la otra intentaba que mi polla estuviera en la dirección del hoyito de Abelardo. Lo conseguimos y a partir de aquí fue follar, follar, besar, lamer, chupar lengua y follar, hasta que le entró a Abelardo el gustirrinín y se fue corriendo entre nosotros dos, llenándome de su semen desde el cuello hasta el ombligo. Me besaba sin cesar con tanto deseo que se olvidó de su semen, solo quería mi lengua, mi paladar y mi saliva. Yo conforme, pero también quería gustar de su semen, pero todo el peso sujetando no me quedaban manos para alcanzarlo.

Sentí que los espasmos de mi cuerpo me subían desde dentro de mi escroto y me relampagueaba todo el tramo de mi polla estando dentro de Abelardo, que lo notó y dijo:

— ¡Lo quiero todo dentro, no me jodas con mariconadas!

Ni tiempo tuve para contestar, me vacié en su interior y gemíamos los dos con ganas como dos locos. Fui doblando las rodillas poco a poco hasta llegar al suelo y nos sentamos en el suelo en la posición del loto para seguir besándonos, no tuve problemas para dejar que de su interior se saliera todo al sacar mi polla para que se sentara en el suelo. Nos abrazamos y besábamos sin cesar mientras descansábamos. Desde esta posición vi a Marcos y Leoncio haciendo un 69 de costado, lamiendo y chupando las pollas de su compañero. Se lo indico a Abelardo y me responde al oído:

— Vamos a molestar —volviendo su cara hacia ellos—, podemos comer cada uno un culo y luego, ta chin, ta chíiiin…(lo dijo como cantando)

Nos levantamos y me puse detrás de Leoncio, mientras Abelardo se colocó detrás de Marcos y escuchaba los sonidos de cómo lo succionaba a Marcos y los gemidos sordos que daban los dos chicos mientras se mamaban su polla. Al cabo de un rato de dilatar ambos culos, se corrieron y cada uno se tragó la leche del otro. Fue la oportunidad que aproveché, ya que mi polla estaba erecta de nuevo, para meterla en el culo de Leoncio. Abelardo que lo vio hizo otro tanto con Marcos, y los chicos seguían comiéndose sus polla para volverlas a enderezar. Cuando metí mi polla por el agujero Leoncio comenzó a dar unos grititos muy agudos:

— Ui, huí, hui, u, u í, í, uíiiii…

Tanto me gustó escuchar esos gritos que no quise meter de inmediato la polla, pero como tenía el culo dilatado más por ganas que por mano de obra, en este caso boca de obra, entró directamente hasta el final y Leoncio gritaba:

—Uíiiii, uíiiii, qué rico, rico, ricoooooo

Repetía una que otra vez, entonces di un empellón profundo y soltó:

— ¡Joder, ahora si!, uyyy, que gustoooo…

Miraba la cara de Abelardo que se sonreía y le estaba dando a Marcos que lo disfrutaba, pues su cara estaba toda babosa y de regusto, moviendo la cabeza en ambos sentidos. Así que determiné comenzar un mete y saca lento pero ascendente y al final se escuchaban los golpes de mi pubis contra sus nalgas que, al estar todo tan húmedo ya, parecía un chapoteo de pies en los charcos. A los pocos minutos ya no pude aguantar más y ni sé si fueron chorros, grandes o muchos, pero estaba como sedado para sentir todo contacto, pero electrizado de placer. Saqué mi polla y metí mi boca en el culo de Marcos esperando que Abelardo botara todo su esperma, lo que no tuve que esperar casi nada. Marcos me quiso mamar mi polla con la de Abelardo todavía dentro de sí, pero ya no sentí que se la metía en la boca, aunque sí sentía un placer inmenso en todo mi cuerpo. Llegó un momento en que ya no podía moverme, igual que le pasaba a Abelardo. Parecía como que me habían dado un tipo de anestesia que solo producía placer. Así estuve mucho rato. Al final de este round estábamos los cuatro como en un montón de carne mojada de semen por todas partes, Leoncio y Marcos tenían su cabeza descansando sobre mi abdomen y Abelardo estaba tumbado encima de ellos dos.

Al rato, después de un descanso, nos fuimos a la ducha. Entró Marcos conmigo y comenzamos a magrearnos. Cabíamos los cuatro dentro de la ducha pero casi sin poder movernos, así que Abelardo y Leoncio no lo intentaron y desde fuera de la ducha, por la mampara transparente, los vi que también se magreaban. Le pedí a Marcos que me follara, se lo pedí por favor y con carita de súplica, pues me veía en el espejo de enfrente.

—Por fa, por favor, Marcos, métemela, te quiero y deseo sentirte, quiero ser tuyo.

— A tanto ruego…

Sin pensarlo una vez más, me dio media vuelta, puso su mano en mi pescuezo y empujó para que me agachara, abrió el agujero estirando de los glúteos y me la enfiló de una sola vez. ¡Cuánto placer produce quien sabe amar! Estaba en mi cielo porque inmediatamente comenzó el «va y ven», metiendo y sacando polla, y cada vez que llegaba al interior pasaba su polla por la pared de mi próstata y zás, calambre, zás, calambre de placer y ¡shrororuuuuummm! me corrí sin tiempo de avisar, llenando la mampara de enfrente de la ducha con mi semen, de no estar la mampara hubiera llenado la cara de Leoncio que estaba agachada a esa altura dándole el culo a Abelardo que lo estaba follando. Nos duchamos Marcos y yo rápido ya y nos lavamos mutuamente como pasa siempre que dos estamos bajo el mismo chorro. Saltamos al exterior, tras cerrar la llave de la regadera y se vinieron adentro Leoncio y Abelardo que aún estaba amarrándolo con la polla en su culo. Marcos y yo nos secamos viendo el espectáculo y cómo Abelardo acababa en el interior de Leoncio y la cara de placer que tenía este cuando se corrió sin tocarse, teniendo sus manos apoyadas en sus propias rodillas, ambos cayeron sobre el plato. Nos salimos y desde fuera escuchábamos el chapoteo del agua y a los dos cantando.

Todavía nos dimos Marcos y yo unos besos y fuimos sorprendidos por los otros dos que salían secándose. Nos vestimos. Mientras nos vestíamos, al ver que yo me ponía directamente sobre mi carne el short jean, Leoncio me preguntó:

— ¿No te olvidas de tu slip?

— No suelo usar ropa interior, —respondí.

Tampoco él se puso. Luego durante el paseo de la calle me dijo:

— ¡Qué bien se va así sin slip!

— A que sí.

Me agarró de los hombros cariñoso y le di un beso que me devolvió. Como Leoncio besa siempre sonoro, Abelardo y Marcos que iban un metro delante de nosotros, también se besaron sonoramente.

Cenamos en la plaza, un restaurante que hace esquina, el Imperial y no fuimos comedidos porque teníamos hambre. Entonces me acordé que habíamos dejado la merienda de mi taita sin tocar, se lo dije a ellos y me contestaron casi a coro:

— Para la noche…

Y Abelardo añadió:

— Así tendremos fuerza para continuar con lo que solo hemos comenzado.

La risotada fue general, pero así fue como ocurrió que, después de pasear un rato largo, haber jugado al futbolín, estábamos cansados y en llegando a casa, tomamos primero la merienda, que estaba preparada. Mi taita apareció por si queríamos algo más y, como estaba cansada, nos dio un beso correspondido a cada uno, y desapareció.

Primero las cosas de rigor, cada uno fue a una lugar que les señalé para defecar todo y luego la correspondiente ducha y lavado del recto. A partir de ahora todo se multiplicó y fue del gusto y placer de los cuatro.

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