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Ya soy el puto del equipo (XI): A cada problema su solución


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«Escándalo en el Deportivo Universitario». Así rezaba en gigantescas letras el periódico local.

Escándalo sexual salpica al fútbol universitario, juveniles denuncian pederastia. Unas imágenes aparecidas en una red pornográfica muestra quienes son los homosexuales del equipo campeón o, tal vez, los más significativos.

Por contra, y con pruebas filmadas, jugadores del Universitario aseguran que los "favores sexuales" es una práctica común en el fútbol juvenil.

El escándalo sexual sacude al fútbol universitario, luego de que se diera a conocer un presunto caso de pederastia que involucra a entrenador del Deportivo Universitario, aunque los jugadores campeones son mayores de edad y entre ellos sorpresivamente abundan los muchachos homosexuales, estos mismos denuncian al entrenador por abusar de algunos de ellos para obtener favores.

El diario Balompié reveló, luego de una investigación, que el entrenador Gunnar Bogdánov, pedía “favores sexuales” a los jugadores menores en los clubes donde también ejercía de entrenador, principalmente sexo oral, para asegurarles la alineación en los partidos.

El periódico sigue perorando con muy fogosas palabras, intentando salvar a los jugadores, —decía un presentador de la televisión local— «pero todos nos vimos incursos ante la policía, no por culpables, sino para declarar sobre el trato del entrenador hacia nosotros» —ha dicho Doroteo, uno de los que ha tenido que declarar porque apareció con otro compañero en las imágenes filmadas en el Hotel El Camarón Rojo—. El joven no se defiende ni niega nada, solo dice que «mi amigo y yo somos amantes, mayores de edad, podemos hacer lo que nos parezca que es mejor para nosotros, no hemos hecho daño a nadie, pero nos han hecho mucho daño social al filmar sin pedir permiso el que jamás hubiéramos concedido, porque nuestra vida privada no importa a nadie; han ido contra nuestros derechos a la intimidad, pero hay algo que la policía tiene que comprobar todavía donde se demostrará que hay más de fondo y por favor no insistan porque no podemos decir nada de esto para no perjudicar la labor policial». Aunque no lo ha dicho el joven guardameta del Universitario, pensamos que se refiere al entrenador del equipo, el cual no puede de momento ser sancionado por lo que supuestamente pudiera haber hecho con algunos del equipo, ya que todos somos mayores de edad. Pero a causa de lo ocurrido en otros clubes con menores desapareció y es buscado por la policía.

***** ***** *****

Nadie preguntó por el míster, nadie dijo nada al respecto y si alguien quería decirme algo, yo le contestaba que no quiero saber nada de ese hombre, todo el asunto está en manos de la policía.

El escándalo estaba en el aire. Habían salido las imágenes que el entrenador había hecho grabar de nosotros en el hotel y estábamos en la mira de todos Abelardo y yo. Lo que más hizo pensar a muchos es que ni Abelardo ni yo, ni Marcos ni Leoncio, ni Fernando ni Manolo habíamos negado bajo ningún concepto nuestra homosexualidad como querían ciertas mentes obtusas que hubiéramos hecho. Pero teníamos claro que nada ganamos con mentir. Muchos estaban confusos al ver una decisión tan firme de salir del armario seis jugadores del equipo a la vez.

Todo el mundo estaba seguro que en la Universidad se determinaría nuestra salida, al menos del equipo, y si se veía muy implicada incluso nuestra expulsión. Los seis éramos responsables en nuestro estudio y disfrutábamos de buenas calificaciones.

Nos reunimos los seis para prepararnos y decir siempre la verdad. A todo eso, todos los demás componentes del equipo sin excepción, encabezados por Mauricio, estaban en nuestra defensa y públicamente se la jugaron por nosotros. En nuestra reunión, los seis quedamos que teníamos que convencer todos a nuestros padres para que hiciéramos una reunión con todos ellos. Si había algún padre que no quería asistir, que no insistiéramos. Les comuniqué que vendría mi abogado para escuchar a los padres y comunicarles si había algún peligro legal de expulsión o eran simples rumores. Aunque habíamos dejado al margen de esta reunión y así se lo comunicamos a Mauricio se presentaron todos los chicos, los padres de Mauricio y algunos más.

En la reunión dejé claro lo siguiente:

— Los homosexuales somos nosotros seis, ni sabemos ni nos interesa si hay más, pero no molesten a sus hijos, por favor, déjenles que vivan sin problemas… Son nuestros compañeros de equipo y no deseamos que se vean involucrados más de lo que ya de por sí lo están.

La reunión fue interesante, se presentaron todos los padres de los cinco, excepto el papá de Abelardo, pero sí estaba su mamá. Avisé a mi taita por si quería estar y aceptó. Fue una reunión orientadora. El abogado les dijo bien claro que por ser sus hijos homosexuales no los podían expulsar de la Universidad, mucho menos a los demás. Por el escándalo provocado, estaba claro que no lo habían iniciado sus hijos, que el culpable fue el entrenador, Gunnar Bogdánov, que mandó instalar unas cámaras escondidas en aquella habitación. El hotel había sido denunciado por permitir la instalación, así como el equipo que lo realizó, del grupo Telemat, S.L. Por todo ello, el escándalo no era imputable a los chicos, sino a todos los reseñados, principalmente el Sr. Gunnar Bogdánov que estaba en busca y captura. Añadió el abogado que todos los partidos estaban legalmente filmados y que los había visionado, sobre todo los 7 últimos, el Comité Deportivo, responsable de la organización que ha dictaminado que el esfuerzo de los jugadores es tan evidente que no es posible imputar como culpables ni a los jugadores ni a los árbitros. De este modo, mostró a todos una copia del título que en una singular fiesta próxima se iba a entregar al equipo, probablemente en el siguiente sábado de esta reunión.

Como la reunión se había realizado en el salón de mi casa, los padres, a invitación de mi taita, pasaron al comedor donde había preparado un aperitivo. Costumbres de mi taita. Allí departieron todos y había algo unánime en el ambiente que resumió el papá de Marcos con estas palabras:

— Nuestros hijos son como son, no hay duda, aunque no nos guste no podemos hacer nada contra ellos porque son nuestros hijos. Pero hay algo más, son responsables, trabajadores, buenos estudiantes y cariñosos con la familia. ¿Alguien podría esperar más de sus hijos? Yo os digo que estaré con mi hijo hasta la muerte, os pido que defendáis a vuestros hijos, porque muchos quisieran unos muchachos como estos seis que están aquí.

Todos se sentían en la misma onda. Nada se habló de nuestra homosexualidad, ni sentimientos de pena y dolor, nada se dijo de las incomprensiones. Parecía que no hubiera rencores, sino solo petición de justicia para sus hijos. El vino tinto y blanco que mi taita puso en la mesa calentó los corazones y aquella reunión no parecía acabar. Pero todo tiene su final. Nos quedamos mi taita, Abelardo y yo. Abelardo le dio un fuerte abrazo a su madre para despedirse y me llamó para presentármela. Le di dos besos muy cariñosos y lloró. La tranquilice diciéndole que un día el papá de Abelardo sabría que tiene un hijo sin rencores y que le va a querer siempre, y añadí, mirando fijamente a los ojos de la señora:

— Cuando usted desee, con o sin necesidad, solo que quiera ver a su hijo, venga a esta casa. Señora Bibiana, mi taita, la recibirá siempre, la atenderá y, si no estamos, esperará con usted hasta que lleguemos. No se olvide de su hijo, ahora considérese que tiene uno más, pues mi cariño no le faltará.

— Gracias, lo haré…, necesito ver a mi hijo, espero no molestar…

— No molestarás, mamá, —dijo Abelardo— y yo me alegraré de verte.

— No sé cómo pagaré esto, no lo sé, ¡Ay, Dios mío…!

Se fue y me dejó sin palabras. Hubiese querido decirle que su amor lo paga todo, pero ya no me salían las palabras al presenciar y sentir el dolor de esta mujer. Me quedé en la puerta mirándola y Abelardo acompañándola hasta la parada del autobús. Me metí en casa con los ojos húmedos y se me puso delante mi taita:

— Dorito, lo que más me gusta de ti, hijo mío, son tus sentimientos hacia las personas, me alegra verte cómo los amas, te pareces en todo a tu madre; ella no podía ver un pobre sin darle una limosna sustanciosa.

— ¿Me parezco a mi madre, taita?

— Tu cara y tus maneras de moverte, la pose, son todo tu padre, te veo y lo veo a él; tus sentimientos, tus cariños son de tu madre… Has heredado lo mejor de ellos dos, el exterior de uno y el interior del otro.

— ¿Tú querías a mis padres?

— Como a mi propia vida, Dorito. Entré a servir en la casa de tu abuelo a los 11 años, tu padre era un bebé, aun no hablaba y me encargué de él, lo tuve como a mi hijo y cuando por desgracia, Dios sea bendito, me faltó, me dieron a su hijo; tú has sido mi vida.

— ¿Y a mi madre?

— Vino un día tu padre y me pidió que lo acompañara, me llevó en el coche a la plaza y me dijo antes de llegar, te voy a presentar a mi novia antes que a nadie, quiero que hablemos y que me digas si seré feliz con ella. Eso hicimos, llegó la chica, nos presentamos y nos fuimos a tomar un refresco, conversamos y nos entendimos ella y yo. Le conté cosas bonitas de tu padre de cuando era pequeño y le encantó y me dijo cómo era ella, lo hizo con pocas palabras y delante de tu padre, me dio un retrato completo de sus sentimientos. Se notaba su sinceridad y su cariño hacia mí. Me esperé en la plaza a que tu padre la acompañara a casa y regresara. Nos fuimos en el coche a casa en silencio. Al llegar dentro del coche me preguntó qué me había parecido. Le dije que no la dejara escapar que en la actualidad ya no quedan mujeres así. Todo el tiempo que vivieron en esta casa, les serví yo, nunca he sido una sirviente, tu mamá me tenía como una hermana mayor. Entre los dos me regalaron la joya que presumo con gusto…

— ¿Qué joya, yo no la he visto, taita?

— Eres tú, Dorito…, tú eres la joya que me regalaron.

Nos abrazamos los dos llorando y entró Abelardo que venía muy contento.

— ¿Por qué lloráis?

— De alegría, Abelardo, mi taita me ha contado cosas de mis padres y nos hemos emocionado.

— Mi madre se fue muy contenta y emocionada por las palabras que le dijiste.

— Tienes que traer más veces a tu mamá, hijito, —dijo mi taita a Abelardo.

— Lo haré, taita, lo haré.

Abelardo y yo nos fuimos a estudiar, los exámenes estaban a quince días y había que aprovechar el tiempo. Íbamos a estudiar hasta que mi taita nos avisara para la cena; luego volveríamos a estudiar por lo menos hasta las 11 de la noche. Luego a la cama. Así ocurrió todo.

Así transcurrieron esos quince días y la semana de los exámenes que era de 10 días. Estudiar lo que ya sabíamos pero había que sacar las máximas notas posibles. Esto nos producía un fuerte stress que sosegábamos al llegar a la cama. Ya fuera Abelardo, o yo, insinuábamos la necesidad de tener sexo para serenar nuestro sentimientos y calmar las presiones, sobre todo para manifestarnos el amor. Según me declaró Abelardo una noche, necesitaba provocarme al sexo para acostumbrarme a él, sabiendo que era yo poliándrico pensó que, estando satisfecho con él no me iría a buscar a otro. Entonces le dije:

— ¿Y si me fuera a buscar a otro para tener sexo con él?

— Yo seguiría con la misma táctica perfeccionándola, para que lo fijo y oficial fuese conmigo, lo otro sería como despistes, —me contestó.

— Me parece que cada día te amo más y vas a ganar tú en este juego, —así le dije, rindiéndome a su causa.

***** ***** *****

Llegaron los exámenes y por desgracia se mezclaron con los líos del entrenador. La policía lo capturó y llovieron las denuncias de clubes juveniles. Yo estaba hastiado y conmigo todos mis compañeros.

Cierto día, saliendo de un examen, me encuentra al Decano de mi Facultad esperando. Yo no sabía a qué ni a quien y pasé saludando sin más. Me llamó, regresé y lo miré con el susto dentro del cuerpo. Quería relajarme del examen que me parecía que me había salido muy bien y, al llamarme, se me vinieron a la cabeza todos los problemas vividos. ;e preguntó:

— Qué tal te salió el examen?

— Pienso que muy bien, pues lo tenía muy preparado, nada me ha parecido extraño.

— Perfecto. Quisiera hablar contigo un momento de parte de la Rectoral y su Consejo.

Me puse a sudar y comencé, según me decían a ponerme blanco como la nieve. Me parecía que fallaba el piso, pero pude mantenerme en pie hasta que escuché:

— No te preocupes mucho, solo quiero que conversemos de las posibilidades de formar el equipo de la superior categoría y pienso que nadie ha estudiado o previsto este asunto mejor que tú.

— A mí nunca me ha gustado el fútbol, —sancioné mientras me llevaba a su despacho.

— Pues, para no gustarte, la has armado buena y nos has llevado a la victoria, a pesar de tantas dificultades, — me dijo sentándose frente su mesa y ofreciéndome que me sentara al frente de él.

— Es que yo no he llevado a la victoria a nada ni de nada, ha sido todo el equipo y el apoyo de nuestros compañeros y la propia Universidad.

— Eso mismo es lo que esperaba de ti… Todos los decanos hemos sido informados de lo que tu familia aporta a la Universidad, pero alguien nos ha dicho que no viven tus padres, lo que significa que lo aportas tú.

— No se equivoquen. Eso lo ganaron ellos y lo dispusieron ellos y eso es intocable, ya lo hicieron de modo que ni yo lo pudiera tocar…

— Pero después de fallecidos tus padres, tú has engrosado esa suma…

— Creo que es un deber que la Universidad tenga medios para premiar ciertos trabajos, sostener determinadas actividades y tantas cosas necesarias que tiene una institución de este nivel como es la Universidad. No me den méritos a lo que es de justicia. Estoy pensando en crear unas becas con el nombre de mis padres para que alumnos pobres e inteligentes puedan acceder a los estudios en esta Alma Mater.

— A lo que vamos, ¿qué propondrías para el año próximo.

— Por mi parte dotar de una cantidad para estimular a los jugadores con alguna merienda, fiesta o mejor formación en alguna actividad extra académica para los jugadores. Por parte de la Organización deportiva que este equipo pase casi íntegro a la categoría superior, que el capitán sea Mariano y buscar un guardameta que no sea un susto cada vez.

El decano se sonrió y preguntó:

— No quieres seguir…

— No soy el más adecuado, por eso me cambio por la dotación de la que he hablado. Me gustaría estar dentro pero no como jugador, cada partido para mí ha sido un auténtico martirio. El equipo juvenil puede ser el siguiente, estarán contentos de sucedernos de sub18 a sub20 y tener el orgullo y responsabilidad de mantener el nivel alcanzado. Implementar desde la universidad el deporte en los centros de enseñanza media. Por ejemplo que un profesor fue derecho pueda ser entrenador de un equipo de colegio daría mayores garantías éticas y deportivas que un entrenador venido de no se sabe donde, eso supondría una escuela de entrenadores para el profesorado más joven. Ellos cobran menor sueldo y podrían ayudarse por esta actividad sostenido por la Universidad.

— Notificaré todo esto que he ido anotando, creo que nadie había pensado en esto…

— Porque todo esto es caro y si la Universidad no puede sostenerlo, para qué pensarlo…

— Pero tú puedes ayudar, quieres decir…

— Sí, pero nadie debe saber de donde sale el dinero… Tengo la responsabilidad de pensar qué hacer con el dinero que mis padres me han dejado. Probablemente yo no tenga sucesión ni herederos, y en esta casa puedo depositar ciertos deseos y anhelos y sufragar determinadas necesidades. Pero nadie, mas que las autoridades superiores y Hacienda pueden saber esto. Yo soy un estudiante y no quisiera que el profesorado se viera en la obligación de regalarme fácilmente las notas durante mis estudios, sería corrupción y yo un fracasado; creo que me comprende usted.

— Perfectamente. Pienso que debéis olvidar todos los acontecimientos pasados y al acabar el examen organizad unos días de descanso el equipo o una fiesta o una merienda, algo que os ayude a volver a poner los pies sobre el terreno; patead esa pelota que os pesa y meted un gol a los que os quisieron equivocadamente.

— Gracias, señor, usted me anima.

En la tarde comencé a contar a Abelardo y a mi taita mi conversación con el Decano y apenas nombrar al Decano, exclamó Abelardo:

— ¿Has hablado con el Señor Bermúdez?

— Sí, ¿qué pasa?

— El Señor Bermúdez es hijo del Comisario Bermúdez; ¿te ha dicho cómo va lo nuestro?

— No quería hablar de eso, ni me lo ha nombrado, quería saber mi parecer para formar un equipo en la categoría superior.

— Entonces lo nuestro va muy bien.

Les conté todo lo conversado y cómo al final me sugirió que organizáramos unos días de excursión o descanso para todo el equipo y serenar nuestras inquietudes. Al acabar, dijo Abelardo:

— Entonces lo nuestro va muy bien.

Mi taita salió inesperadamente del salón donde estábamos sentados y me dijo Abelardo:

— Esta noche lo vamos a celebrar bien y te voy a meter dos goles de campeonato, ya verás.

Apareció mi taita con un champagne y dos copas.

— Taita, vamos a estudiar…, —dijimos a coro.

— Una copa anima y se pasa pronto y el resto para la cena.

Brindamos por mi taita, se puso feliz, estudiamos, cenamos y estudiamos. A las 11:30 nos íbamos a la cama a jugar nuestro partido. Apenas entrar nos desnudamos y nos besamos con serenidad. Estábamos bien preparados para nuestros respectivos exámenes y ahora nos íbamos a hacer otro tipo de examen.

Adalberto me besaba como si en eso le fuera su vida, me besaba centímetro a centímetro todo el cuerpo y yo solo podía tocarle y cuando comenzó a besar de cintura abajo ya pude besar su ancha espalda. De pronto, mientras seguía besándome hasta los pies, me puso los suyos en la cara y comencé a lamer sus pies, los que habían estado dentro de las zapatillas. Tenían sabor, pero un sabor múltiple, no olían mal, a carne con zapatilla y sudor, muy machos los pies de Abelardo. Me puse dedo a dedo en mi boca y se los dejé brillantes y húmedos de mi saliva. Abelardo me besaba y lamía los tobillos y el talón de Aquiles y me producía agradables sorpresa. Jamás nos habíamos lamido los pies, descubrí un nuevo placer para mi vida. Abelardo iba siendo cada vez más mío y cada vez me gustaba todo lo de Abelardo.

Levantó mis pies y se corrió hacia arriba hasta ponerme su polla en mi cara. Inició la succión de lo que más me gustaba, el escroti, secando los testículos y metiéndolos en mi lengua uno a uno. Es una pena que no se puedan exprimir por ósmosis los testículos y comer el fruto de su interior como una baya frutal, pero solo el gusto de tenerlos juntos y separados dentro de la boca, mientras mi compañero me preparaba el culo con su lengua y masajeaba con sus manos mi escroto, me daba cierto placer incalculable. Lo mejor fue cuando separó mis nalgas y metió su lengua dentro de mí. Creí que me corría si continuaba, pero no dije nada y y lamía el entorno de mi hoyito mientras yo chupaba con mi boca y masajeaba com mi lengua su polla, para que estuviera bien dura para metérmela triunfalmente.

Se enderezó y se puso de pie sobre el piso al los pies de la cama, me agarró de los tobillos y arrastró mi cuerpo hacia él. Abrió bien mis piernas haciendo una ancha uve en alto que yo creía que me iba a partir em dos. Cuando vio mi agujero abre, pues el lo decía:

— Ahora está tu agujero abierto y a punto.

— Hum, hum, —yo suspiraba.

— Ahora entra Atila en Roma para inundarla con sus hordas.

Metió su polla de una pasada. No sé si me hizo daño de tanto daño y placer que me produjo, pero tenía a Atila en persona dentro. Cuando comenzó a pelear, los hunos entraban y salían de mi Roma como Pedro por su casa y yo sentía un enorme placer, cada vez más rápido y cada vez tocando el corazón de Roma, todos hunos tropezando con mi próstata y allá que se inundó toda Italia desbordándose el Tiber de mi polla. Entre el sudor y el semen, Rola quedó anegada y yo me rendí sin más a Atila que cayó sobre mí y me conquistó sin más con un mar de besos, de semen y sudor y brotaron las lágrimas de placer entre ambos. Nos dormimos sin ducharnos de puro cansancio abrazados.

Sonó el despertador y le dije que el partido había quedado 0-1. Me miró como con rabia y me dijo:

— !A la ducha, cochino! Mira como me has puesto.

Nos fuimos a la ducha, Abelardo venía caliente, aunque no más que yo y me dijo:

— ¡Manos a la pared! ¡Esto es un asalto!

Metió dos dedos sin problemas de modo rápido y me atravesó, volví mi cara y lo besé, el no quiso besarme. Inició su vaivén e iba in crescendo, mientras dijo:

— Roma se ha portado muy mal con mi Atila y ahora sabrás lo que es una invasión de los hunos.

Ni los hunos ni los otros, aquello parecía un desquite futbolístico teniendo atenazado al enemigo. Me follo con fuerza, con ganas, con rabia, mientras yo chillaba:

— Ya, ya, ya, cabrón, hijo puta, me la estás metiendo a lo bestia.

— Son los hunos, maricón, aguanta.

Y se derramó, más que en la noche. Me sentía lleno, lleno de semen, lleno con su polla como un tapón y lleno de placer.

— Abelardo, hemos de desayunar e irnos al examen, el mío es a las 10:00 en punto, no quiero llegar tarde.

— El mío es una hora más tarde, ¿me esperarás?

— Mal amigo sería si no te esperara, no soy imbécil.

— Pero una hora suelto, si pasa alguien te gusta, igual…

— Pues sí, ahora después me pones el pene de castidad y te llevas la llave.

Suerte que no tenemos, porque hubiera aceptado. Si me voy conociendo a Abelardo.

Cuando metió sus dos dedos en mi culo, salió la leche que me había inoculado y me vino mi orgasmo retrasado, pero abundante. Caí en sus brazos, me besó, nos lavamos y al desayuno.

Mi taita estaba feliz de vernos tan animados para ir a los exámenes y nos preparó un brebaje para que no fallara nuestra memoria. Le agradecimos sabiendo que eso no iba a hacernos ni bien ni mal y nos fuimos a la puta calle a vencer otro día.

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