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Ya soy el puto del equipo (XIII): Descubriendo El Refugio


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Al día siguiente, fiel a su desempeño, se presentó don Fermín, tal como me había avisado, para saber si nos faltaba alguna cosa o algo no funcionaba bien. Cuando llegó yo estaba con mi bañador más pequeño de color naranja, recogiendo unas flores para ponerlas sobre la mesa. Ya había visto todo, las mujeres estaban contentas porque «a los chicos les gustaba todo y no dejaban nada», todo funcionaba perfectamente y me vino a buscar con la intención de mostrarme algo.

Me habló de otra parcela, llamada El Refugio, que quería mostrarme y dispusiera de ella. Le dije que espere un momento:

— Voy a ponerme un pantalón y a llamar a Abelardo, para que venga con nosotros.

— No te cambies nada que estás muy guapo así.

Entré a la piscina y Abelardo estaba en el agua, le dije:

— ¿Quieres venir conmigo a ver otra finca de mis padres?

— Sí, claro que sí.

— Pues ponte el bañador y ven rápido.

Mauricio nos vio y como quería saber qué pasaba, me pregunta:

— ¿Pasa algo?

— No, ponte tu speedos y ven a ver.

Salimos los tres y nos tropezamos con don Fermín, me preguntaron:

— ¿Nos ponemos pantalón?

— Vosotros sois jóvenes y esos bañadores os lucen, vaya cuerpos tenéis, si no nos verá nadie, y está muy cerca, iremos a pie.—contestó don Fermín.

Don Fermín llevaba las llaves en la mano y me las daba y yo le hice un gesto con los hombros como diciendo «llévelas usted que lo sabe todo».

Por el camino, bajo un sol de justicia, tres jóvenes casi desnudos y un adulto con pantalón largo y camisa, parecía que íbamos a tramar algo. Pero no nos cruzamos con nadie. Se paró en un punto, frente a una esquina de la alambrada.

— Aquí acaba el Romeral, si miráis a la derecha veréis una esquina también vallada, allá empieza El Refugio. Tu padre quería comprar esta zona hasta arriba para tener la dos fincas juntas, pero pasó lo que pasó y cuando me enteré ya la habían vendido y no me pareció bien montar un lío con juicios por derecho de vecindad. Estos nuevos propietarios me la han ofrecido por una barbaridad de dinero, pensando que la deseamos comprar y les he dicho que no tengo ningún interés. Esto es lo primero que te quería decir. La puedes comprar si lo deseas pero exigen demasiado dinero.

— Si usted no la compró cuando podía, yo no la voy a comprar, su criterio me vale absolutamente.

Mauricio y Abelardo guardaban silencio, pero iban adquiriendo mucha confianza con el proceder de don Fermín.

Seguimos caminando hasta llegar a El Refugio. Igualmente en la entrada había un cartel con la caligrafía de mi padre. Entramos al jardín por la verja de hierra, el jardín estaba muy bien arreglado, aunque con pocas plantas. Cerró con llave y me señaló al frente que se veía por entre los árboles una casa a unos 150 metros. Llegamos allí y la casa era más modesta, le dimos la vuelta y era una casa unifamiliar. Entramos y conté que tenía tres habitaciones con baño, un estudio totalmente montado con planos y como de proyectos de arquitectura, mis padres eran arquitectos los dos y, además, constructores. Dijo don Fermín:

— Aquí tienes el más vivo y último recuerdo de tus padres. Cuando tu padre subía a descansar, no iba a El Romeral, sino aquí, por eso lo llamó El Refugio. Cuando venían con amigos, vivian allá, pero venían a trabajar aquí.

— Don Fermín, voy a ser sincero, como nadie me dice nada, pensé que esto era para escapar mi padre y que no se llevaba bien con mi madre…

— De ninguna manera, justo todo lo contrario, tu padre estaba tan enamorado de tu madre que ambos hacían todas las cosas juntos y juntos les pilló el accidente y murieron. Nunca pienses de tus padres nada distinto, hoy serían felices de saber cómo te comportas. Cuando te sugerí la ayuda al equipo de fútbol no era idea mía, sino de tus padres.

— Gracias, don Fermín, y perdone si le he molestado…

— Hijo mío, si nunca los has podido conocer… Yo quisiera trasladar este estudio, tal como está a la otra casa, así yo vendría este verano a esta casa que es más modesta.

— ¿Esto tiene piscina?

— No, no hizo nunca falta.

— ¿Por qué no hacemos una?, así sus hijos y nietos tendrán una sin necesidad de trasladarse.

— Este verano probaré con una prefabricada y si quieren más piscina está aquella… Los que van a la playa también han de caminar hasta el mar…

Mauricio y Abelardo se rieron por la franqueza y soltura de don Fermín.

— Don Fermín, gracias por mostrarme esto. Preferiría que este estudio lo trasladáramos a la ciudad, a mi casa, allí hay espacio.

— Como gustes, Dorito, me voy a encargar.

— Cortinas y muebles, todo, por favor, y haga unas fotos para que en casa me lo pongan en la medida de lo posible que quede allí igual que está aquí.

— Así se hará, descuida.

— Si le va bien esta casa, don Fermín al acabar el verano puede ser suya.

— Doroteo —dijo con mucha seriedad— yo soy tu administrador, lo he sido de tus padres, lo he sido durante tu infancia y adolescencia, soy ahora en tu juventud, no quiero que nadie diga que me he aprovechado de un muchacho huérfano…

— Gracias, don Fermín, entonces la usa mientras la necesite y luego la venderemos, sé que hacer con el dinero y seguro que sus nietos lo agradecerán.

— Tus padres me decían, hemos de procurar que nuestro hijo no se haga orgulloso por poseer bienes, siempre te indiqué de pequeño y lo mismo Rosita; recuerdo que cuando venías conmigo y descubrías un pobre me cogías de la chaqueta arrastrándome hasta que le diera una limosna. ¡Cuántas veces he recordado en esos momentos a tus padres y me decía, allí donde estén, estarán orgullosos de su hijo…

Se le escaparon unas lágrimas y, tras cerrar todo, nos regresamos a casa. Don Fermín comió en el comedor pequeño junto a la cocina con las mujeres y el vigilante. Nosotros nos fuimos a la piscina. Me quité el slip de baño para entrar en la piscina, pero no sé cómo me senté a tomar una cerveza, pensando lo que había visto y lo que me había contado don Fermín, me puse a llorar y me pareció como si estuviera viendo a mis padres por la nebulosa de mis lágrimas. Mi pena iba en aumento. Y fueron algunos los que se dieron cuenta de mi llanto y se vinieron a donde yo estaba preocupados.

Vino Mauricio y les dijo que me dejaran solo y no me preguntaran nada, luego se fueron junto a la piscina y les explicó que hoy yo había pensado mucho en mis padres a los que no pude conocer porque murieron siendo yo muy niño.

Poco a poco me fui calmando y me metí en la piscina. Marcos vino con mi botellín para que me bebiera la cerveza, entró con él en la mano en alto dentro del agua, me lo dio y dijo:

— Toma, guapo, que te lo mereces.

Se puso delante de mí, me abrazó y nuestros cuerpos estaban pegados uno al otro acariciándose ambas pollas. Se lo agradecí a Marcos con un beso.

Ya no miraba nadie, al menos con mala intención, pues todos estaban desnudos dentro del agua o fuera tomando el sol.

Ese día ya hubo un partido de futbol 7 y un partido de tenis individuales. Se les veía a todos felices. Ya solo esperaba que alguien avisara para comer, pues tenía hambre, no sé si por la hora o las impresiones vividas o todo a la vez. Avisaron para comer. Me puse el slip de baño y fui a mi habitación, me puse un short jean y una camiseta amarilla de tirantes y muy sesgada, bajé al comedor sonriendo para no preocupar y Toñete me estaba guardando un puesto, justo en el centro de la mesa. Me gustó el detalle, por eso al llegar le pasé mi brazo por sus hombros abrazándole y me abrazó también. Teníamos apetito y todo estaba tan rico que iban desapareciendo las bandejas como por arte de ensalmo.

Luego de comer, hicimos lo mismo que el día anterior, contar como iba el mini campeonato y contar chistes, pero antes nos sorprendió Frasquito con su móvil en mano.

— ¿Os acordáis del míster? — todos extrañados, lo menos que esperaban era recordarlo— Sí, el tal Gunnar que siempre se había llamado antes por nosotros como él nos dijo, Mr. Vilhjalmsson; así estaba registrado en la Universidad. La policía ha descubierto que toda documentación es falsa, que no es noruego, sino ruso y se llama Gunnar Bogdánov, sale en prensa por la investigación policial. Fue un perfecto farsante aprovechado. Parece que tiene cosas más graves y va a ir condenado a la cárcel por bastantes años.

— Por mí que muera si quiere, esos tipos están de sobra, —dijo Fernando.

— Mejor dejamos estar este tema, que aquí estamos disfrutando, —dijo Mauricio.

Luego cada uno iba contando chistes, los primeros eran muy inocentes pero luego fueron entrando en picardía y algunos eran de cuidado. Algunos nos habíamos desnudado para ir a la reunión y ya los había que se apartaban un momento para meneársela. Nadie se extrañaba, pero se ponía necesario aliviarse.

Marcos estaba a mi lado y me dijo mientras tocaba mi polla:

— Hoy está muy dormida, eso hemos de arreglarlo.

— Descuida, cuando acabemos aquí, —le dije.

Al acabar, decidí caminar un rato y pensar. Mi idea era conectarme con la naturaleza. La verdad es que me gusta el nudismo, el naturismo, pero me faltaba filosofía al respecto. Fue Mauricio el que me pasó sus ideas que son muy simples: lo importante —opina Mauricio— es que te aísles del mundo de la materia, no te puedes aislar de tu cuerpo, porque forma parte de ti, pero si de envoltorios, ropa, deseos, pensamientos, gustos, caprichos, imposiciones, por eso es importante aislarse. Si estás con los demás, es decir, con gente que no cuenta con la naturaleza sino que se aprovecha de ella, no podrás conectar con la naturaleza, sentirte parte de ella y gozarla en cada poro de tu cuerpo, tanto en invierno como en verano. El contacto con la naturaleza es físico y mental, puede ser incluso espiritual.

Así que tomé la decisión de tener una experiencia voluntaria. Yo siempre supuse que tenía tal comunicación y contacto con la naturaleza porque ir desnudo me hacía feliz. Pero no había puesto una reflexión al respecto en mi vida. Caminé hacia el cerro por debajo de los árboles con la idea de llegar al despoblado de sombra y comunicarme con el aire, el sol y la vegetación y tumbarme pensando en la vida de los pájaros, de todos los animales los grandes y pequeños, los visibles y los invisibles, como los microscópicos.

Intentaba no echar la mirada atrás para mantener mi decisión, pero escuchaba voces que me perturbaban y sobre todo de vez en cuando escuchaba pisadas y ruidos como de palos o bastones moviéndose. Así que caí en la tentación cuando ya iba a dejar la zona de árboles y volví la mirada. Me seguían juntos Marcos, Jaime y Luis Calvero. Los esperé para preguntarles donde iban:

— Donde quiera que vayas tú, —dijo Marcos.

— ¿Los tres?, —respondí.

— Creo que entre tú yo yo tenemos algo pendiente para darnos las paces del todo, —me dijo Jaime.

Reconocí que era cierto y además, ¿cómo iba yo a conectar con la naturaleza teniendo a alguien considerado como mi enemigo?, así que me acerqué a él, le besé, me besó y le dije:

— ¿Amigos ya?

— Sí, pero ya que somos amigos, tengo que resarcirte, me alegraría que me follaras, pienso que no tienes inconveniente…

— Y vosotros… ¿qué deseáis?

— ¡A ti! —dijo escuetamente Luis y miré a Marcos como preguntando.

— Me has dicho «después», por eso te sigo.

— No voy a daros ninguna explicación, vuestros deseos son órdenes agradables para mí —se sonrieron—, así vamos allá —señalé con el brazo— veo un claro con hierba, porque hacia arriba todo ha de estar más seco.

Y allí nos encaminamos. Mientras nos acercábamos ya estábamos tocándonos. De hecho, Jaime se puso a mi lado y me tomó la mano, se le metió en la boca untando con saliva mis dedos y me la puso en su culo. Luego me pasó el brazo por mi cuello y con su mano me iba tocando, friccionando, masajeando el pezón de mi tetilla, como él estaba en mi derecha yo tenía esa mano en su culo y el me friccionaba con la izquierda. Le metí un dedo y me gané una frenada y un beso en mis labios. Y ya dilataba aquel culo. Detrás nuestro estaban haciendo algo casi similar, imitándonos, Marcelo y Luis. Pero estos también tenían costumbre, solo que en esta ocasión Luis pidió a Marcelo que lo follara primero que quería saber de esa sensación. Pero la suerte o circunstanciales deparaba a cada uno una historia.

Llegados al claro, ya tenían medio camino recorrido y Jaime se apoyó a un árbol medio inclinado y me pidió que lo follara como de castigo. Yo le tenía ganas, pero me pareció una brutalidad y me entretuve comiéndole el culo hasta tenerlo bien húmedo y dilatado, ya había pasado mi lengua el primer esfínter y entonces apunté la cabeza de mi polla a su hoyito. El mismo retrocedió, echo un grito estentóreo y se penetró hasta el interior. Me quedé quieto contemplando a Luis y Marcelo. También Luis estaba tumbado en el suelo boca a bajo comiendo hierba mientras Marcelo ya le estaba follando con movimientos. El cuadro era espectacular y me animé a montar a Jaime poco a poco, sacando mi polla al completo y volviéndola a meter. Se veía que por momentos le dolía pero gozaba con un placer extraordinario.

Mi situación era privilegiada en cuanto que podía ver qué estaba ocurriendo en el bosque. Me pareció que todo el mundo estaba ocupado, al menos veía a dos más, cerca que se estaban follando pero no pude distinguir quienes eran. Todo el mundo estaba corriendo y persiguiéndose por el bosque, gritos, gemidos, en definitiva placer y diversión. Acabé echando todos los restos sobre Jaime y con ello mis chorros de leche inundando su recto. Ayudé a Jaime para que le llegara su orgasmo masturbando su polla y nos tumbamos en el suelo mirando las copas de los árboles en corona y con Jaime besándome mis pezones del pecho.

Encima se nos echaron Luis y Marcelo felices para perturbar nuestra paz y descanso. Luis tenía ganas de volverme a follar desde la otra vez en el vestuario y no tardó mucho en levantar mis piernas y meter poco a poco solo con saliva su polla en mi culo. Dolió en algún momento, pero el placer habido no hacía mucho ayudó a la mayor dilatación. Al poco tiempo estaba escuchando los sonidos del escroto de Jaime contra el culo de Marcelo. Luis fue muy cariñoso, porque después de este primer momento a lo bruto, se tumbó encima de mí dejando que la naturaleza actuara por su cuenta y se vació pacíficamente en mi interior, sintiendo yo un placer superlativo. Acabamos besándonos y miré a los otros que igualmente estaban besándose como quien da el premio a la constancia. Al rato nos levantamos, pues teníamos un partido de futbol 7 esa tarde. Yo estaba inscrito en el grupo C con Marcos, Eleuterio, Ricardín, Chesco, Canales y Jiménez, sorteados por insaculación. Tocaba jugar contra el Equipo A formado por Jaime, Javi, Abelardo, Manolo, Calvero, Soto y Frasquito.

Cuando llegamos, cada uno llevaba un short y una camiseta de un color, entonces, considerando que hacía calor, el árbitro que era Martín, después de elevar moneda y salir cara para nosotros y escudo o cruz al equipo A, preguntó a estos:

— ¿Con camiseta o shorts?

Eligieron shorts, a nosotros nos tocó con camiseta y decidimos quitárnosla por el calor y jugar con zapatillas. Todo el partido fue bueno. Solo que Martín no sancionaba la de veces que nos daban palmadas al culo o cuando nos tiraban de los huevos. Entonces nos pusimos a hacer infracciones bajando short de los contrarios. Al final quedamos todos desnudos y el partido fue un desastre y más divertido. Martín tuvo que determinar quien ganaba por penales y perdimos. Pero todos felices. De ahí a la piscina hasta la hora de la cena.

A la hora de dormir, siempre éramos cuatro en mi habitación, pero ese día no sé por qué razón me vi que éramos cinco, porque estábamos Abelardo, Marcos, Leoncio que venía siempre y Calvero que se presentó. Salí a traer una jarra de limonada, entré con dos jarras y salí con una de ellas en dirección de la habitación de Mauricio. Se alegró de verme y bebimos limonada. Me invitó a dormir con él y me hizo suyo con total maestría. Primero le mamé su polla mientras él preparaba mi culo con besos, lengua y dedos. Tampoco necesitaba tanto. Luego me penetró, me folló rápido como hace con su chica y me dio mucho placer. Me había dicho cosas tan cariñosas mientras me follaba que me dio mayor placer, aun siendo tan del gusto femenino. Pero así y todo noté que me tenía un especial cariño. Dormí muy feliz abrazado a Mauricio con todos nuestros sudores y humores pegados al cuerpo. Me despertó un poco antes de la hora habitual, el olor a sexo era de fábula, aun estando la ventana abierta. Me fui a mi habitación donde estaban los cuatro amontonados durmiendo y allí no olía a sexo, apestaba a semen, y me hice un hueco entre ellos hasta la hora de levantarnos. Al despertar se extrañaron de verme durmiendo entre ellos, pero nadie preguntó nada, como si no se hubieran dado cuenta.

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