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De sorpresa en sorpresa


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Estaba en una habitación del Hotel Balneario de la Isla de la Toja, una habitación con un gran ventanal desde el que se veía el mar, con una mesa y unas sillas, con baño, WI-FI, teléfono, caja fuerte, televisión satélite, carta de almohadas, (plumón, lana, látex, silicona...) Y albornoces y zapatillas para uso interno.

Llamaron a la puerta de la habitación, abrí vistiendo un albornoz y sin nada debajo. Allí estaba Diana, más bella que nunca. Llevaba puestos una minifalda negra, una cazadora gris, una blusa blanca y calzaba unas botas altas de mosquetero. Le dije:

-Hola, preciosa.

Entró en la habitación. Su voz sonó cómo un reproche cuando me dijo:

-Lo nuestro es siempre hola y adiós.

La cogí por la cintura y la besé. Me correspondió, pero sin efusividad. Le pregunté:

-¿Ya cenaste?

-No.

-Me alegro. Dos langostas iban a ser demasiado para mí.

Nos sentamos a la mesa, en la que había dos langostas y dos botellas de albariño, pan...

Diana ya llevaba media botella de Albariño, cuando me dijo:

-Tengo que decirte algo, José.

-¿Lo qué?

-Que ya no me conformo con tenerte a escondidas.

-¿Con qué te conformarías?

-Quiero ocupar el lugar de mi tía.

-Tú, eres tú, y mi esposa es mi esposa.

-Entonces esta es la última vez que nos vemos.

Me quedé de piedra. Solo se me ocurrió preguntarle:

-¿Quieres que juguemos o te pido un taxi?

-Ya que estoy aquí. Me voy a despedir como es debido.

Se levantó de la mesa y puso en su teléfono móvil el clásico, You Can Leave you Hat on. Me senté en el borde de la cama. Creo que el albariño la había puesto contenta.

Elevó los brazos y movió con sensualidad su cabeza, brazos, cintura y caderas. Se quitó la cazadora y la arrojó al piso, sin dejar de mirarme a los ojos y de bailar con movimientos sensuales, se fue quitando la blusa botón a botón. Se bajó la cremallera de la falda y la dejó caer al piso. Volvió a levantar los brazos y se contoneó antes de quitar el blanco sujetador... Lo quitó muy, muy lentamente, y después me lo lanzó a la cara. Se dio la vuelta y bajó un poco las bragas. Vi parte de sus morenas nalgas moviéndose con ritmo. Se bajó las bragas, las dejó caer al piso, y al darse la vuelta, ¡Sorpresa! Se había dejado crecer el vello púbico. ¡Que pedazo de mata de pelo negro se gastaba! Ya estaba empalmado, pero se me puso, dura, dura, dura. Acabando la canción, Diana, solo con las botas puestas, se arrodilló y vino junto a mí, gateando y contoneando el culo. Al llegar a mi lado me abrió la cremallera del pantalón, la sacó y me la chupó sin manos. Le acaricié la cara e hice que se pusiese en pie. Yo también tenía una sorpresa para ella. Quité la colcha de la cama con mucho cuidado y Diana vio la sábana cubiertas de pétalos de rosa.

Tenía una sonrisa en los labios cuando se echó sobre los pétalos y cerró los ojos. Después me dijo:

-Necesito sexo. Cuando bebo me pongo muy cachonda.

Cogí cuatro cuerdas en el cajón de la mesita de noche y la até de pies y manos a los pies de la cama. La amordacé y luego le puse una venda en los ojos.

Sintió mis pasos alejándose, y me preguntó:

-¿A dónde vas?

Abrí la puerta, y allí estaba, la chica que había contratado. Una scort de lujo. Rubia, de ojos azules, alta, delgada, con buenas tetas, guapa... Traía un maletín en la mano.

Wanda, que era su nombre de guerra, se echó al lado de Diana, Diana olió el perfume de Wanda y se quiso desatar. No le gustaban las mujeres, pero estaba atada y bien atada. Wanda, la quiso besar, Diana le hacía la cobra. Yo quité el albornoz. Me senté en una silla y comencé a menearla mirando para ellas.

Wanda, le sujetó la cara con las dos manos a Diana y le dio un pico largo, muy largo, al quitarle las manos quiso darle otro, pero Diana, refunfuñando, se volvió a retorcer y a negarle sus labios. Así estuvieron un rato. Luego, Wanda, le dijo:

-Nunca me había pasado esto. Me estoy mojando tanto que necesito tocarme.

Wanda, que venía vestida con un abrigo de pieles negro, se lo quitó y quedó solo con sus zapatos negros con tacones altos y de aguja. El contraste era maravilloso, una morena preciosa, con tetas grandes, areolas marrones, gordos pezones y coño peludo y una rubia, bella, de tetas medianas, areolas color carne, pezones pequeños y coño rasurado. Las dos tenían unos cuerpazos... Wanda, después, con una mano, le fue cogiendo las tetas, chupándoselas, magreándoselas y lamiendo, besando y mordiendo los pezones, y con la otra mano se metió dos dedos en su coño. Diana y yo oímos el chapoteo que hacían sus dedos en el coño. Estaba realmente mojada. Después de comerle las tetas largo rato, volvió a intentar besar a Diana. Le volvió a hacer a cobra. Wanda, me dijo:

-Bésala tú mientras yo le como el coño.

Quise besarla y apartó su boca. Sus ojos me decían que estaba enfadada conmigo. Volvió a intentarlo Wanda. Le pasó la lengua por sus labios. Diana se quedó quieta y se dejó hacer... Luego, Wanda, metió la cabeza entre sus piernas y le comió el coño. No vi si estaba mojado o no, pero era de suponer que más que mojado, debía estar empapado.

Pasado un tiempo, Diana, movía su pelvis de abajo a arriba, de arriba a abajo y alrededor buscando el orgasmo. Wanda, que andaría en lo 20 años, era muy profesional, cuando sintió que Diana se iba a correr, dejó de lamer, le acarició el clítoris con dos dedos, le puso una mano en el cuello, cómo queriendo estrangularla y le comió la boca. Diana, sin poder respirar más que por la nariz, comenzó a correrse. ¡Pedazo de orgasmo tuvo! Tanto se retorció con el placer que sintió que pensé que iba a romperse.

Cuando le quitó la mano del cuello y dejó de besarla, exclamó:

-¡¡¡Aaaaah!!!

Le quité la mordaza y la venda de los ojos y vio a quien la había hecho disfrutar y a mí con un empalme de cojones. Se sentó en el borde de la cama, y me dijo:

-Dijiste que iba a ser un hombre, cabrón. Ahora, Fóllala. Quiero ver cómo la follas.

Desatándola, le dije:

-Te dije que habría sorpresas, y no, no la voy a follar, no la contraté para eso.

Wanda, estaba caliente. Me dijo:

-No te voy a cobrar más de lo que ya te cobré si lo haces.

Diana estaba empeñada en que follara a Wanda.

-Anda, anda, fóllala. Quiero ver cómo la follas.

No iba a follarla. No le podría pedir lo que estaba dispuesto a pedirle después de follar con otra mujer.

-Si tiene ganas que se haga un dedo.

-¡Qué cruel eres! Fóllala y te hago algo que nunca te hice.

Wanda, no se quería perder la fiesta. Le preguntó a Diana:

-¿Y si me hago un dedo mirando lo que le hacéis?

Le pregunté a Diana:

-¿Puede quedarse a mirar, Diana?

Diana, estaba decepcionada.

-Tenía que ser un hombre, cabrón. Quería una doble penetración, anal y vaginal.

Wanda, tenía de todo.

-Tengo un arnés con una polla de plástico, si te vale...

-No creo que me guste que me metan un plástico por el culo.

-Bien lubricado, para una penetración anal es mejor que una polla.

Se animó

-A ver si es verdad.

Diana, se levantó, la besé en la boca, Wanda le besó el cuello. Mientras le comía sus deliciosas tetas, Wanda, se puso el arnés. Volvió y trajo con ella el lubricante. Le comí el coño y Wanda le comió el culo. Después me eché sobre la cama, Diana, subió encima de mí, cogió mi polla se la metió en el coño, y me folló. Wanda, detrás de ella, la nalgueaba y le lamía el periné y el ojete. Le lamió la columna de abajo a arriba y de arriba a abajo. Se la acarició con sus tetas... Le cogí las tetas, se las magreé y se las mamé. Cuando Wanda le metió la polla e el culo, de su boca salió un:

-¡Que rico!

Wanda, le folló el culo dándole caña de la buena. Diana me la dio a mi, hasta que se puso tensa, levantó la cabeza, y exclamó:

-¡¡Yaaaa!!

Mis cojones quedaron empapados y su coño lleno de leche.

Al rato estaba encima de la cama y de los pétalos de rosa, en la misma situación que estuviera Diana, atado, con una venda en los ojos y amordazado.

Estuvieron un rato ausentes. Debieron ir al baño... Al volver, rompieron todas las reglas, iban a hacer de un cristo de mí... Sentí el fresco perfume de las dos, a mi izquierda, mientras besaba mi cuello, el perfume con aroma azahar de Diana, y a mi derecha, otro perfume también muy agradable. Una mano meneaba mi polla y la otra acariciaba mis pelotas. Me besaron las dos al mismo tiempo. Sus perfumes se confundían. Me comieron las tetillas. Bajaron, lamieron y chuparon las pelotas y me masturbaron a dúo, como a dúo me lamieron el glande... Por separado me mamaron la polla... Estaba ya como una moto cuando una de ellas subió encima de mi y me cabalgó. El perfume que me llegaba era a azahar. Me moría por comer las tetas de Diana, pero no me las dio a mamar.

Wanda había desaparecido. En un momento que Diana paró un instante de cabalgarme. Sentí el ruido inconfundible de un vibrador. Wanda, se estaba masturbando. Comencé a correrme dentro del coño de Diana, que al sentir mi leche calentita dentro de ella, desbordo. Sentí un torrente de flujo bañar mi polla, y la voz de Wanda, que decía:

-¡Me Vengo!

Me habían engañado, en el servicio se habían cambiado los perfumes. Acabándonos de correr, sentí a Diana decir:

-¡¡Qué riiiico!!

Después de esto sentí sus gemidos. Se estaba corriendo.

La habitación quedó en silencio. No me gustó nada. Me daba que iba a legar la tormenta y todos los rayos iban a Caer sobre mí.

Lo primero que sentí fue el ruido del vibrador. Luego lo sentí haciendo cosquillas en mi polla. La que lo estaba usando sabía lo que hacía. Jugó con él en mi ojete... Mi polla ya estaba tiesa de nuevo. Diana, me besó y supe que era Wanda la que usaba el vibrador, o no, o que se yo. Lo que sé es que sentí un latigazo en una de mis nalgas que me hizo saltar en la cama. Quise llamarle por su nombre a la que me largara, pero estaba amordazado y de mi boca solo salían ruidos y más ruidos. Diana me quitó la venda de los ojos, vi que tenía en una mano un una fusta. Le largó con ella en las nalgas a Wanda.

-¡Traaaas!

-¡Lámeme los pies, buscona!

-Scort.

A Diana la conocía bien, cuando se calentaba, daba fuerte de cojones, y fuerte le dio.

-¡¡Traaas!!

-¡Buscona, de lujo, pero buscona!

-Soy...

Le volvió a largar en el culo.

-¡¡¡Traaas!!!

-¡Tú eres lo que yo diga, zorra!

Wanda le lamió los dedos, se los chupó. Le levantó los pies y le lamió las plantas...

-Ahora el coño.

Me fijé y vi que Diana tenía el interior de sus muslos mojados. Wanda lamió esa humedad antes de comerle el coño.

Minutos más tarde, le decía:

-¡Ahora cómeme el culo, perra!

Se lo comió sin rechistar...

Estaba Diana disfrutando con la comida de culo, cuando Wanda se levantó, la agarró por el cuello y la tumbó en encima de la gran alfombra que cubría el piso. Le dijo:

-¿¡A quién quieres dominar tú, gatita, a una pantera?!

-¡¿Pantera?! ¡Rata, que eres una rata!

Empezaron a pelearse...Tirándose de los pelos rodaron por la alfombra. Se apretaron tetas contra tetas y se rozaron los coños hasta que se quedaron mirando una para la otra. Se besaron, y de tirarse de los pelos pasaron a acariciárselos mutuamente... Wanda, que era la que tenía oficio, dio un giro de 180 grado, le puso el coño en la boca y le comenzó a comer el coño a Diana, Diana no se había visto en otra igual, ni yo, que me moría por menear la polla y no podía tocarme. En fin, que Diana nunca comiera un coño, pero todo fue empezar. Se lo comió y se lo comió con ganas. Yo pensaba que para no gustarle las mujeres, saboreaba bien aquel coño. Mi polla no pensaba nada. Tenía el ojo solo llorando cómo un niño al que no le dan el caramelo que quiere.

Al tiempo, a Diana, se le empezó a llenar la boca de jugos. Wanda se estaba corriendo. Con el morbo que le dio haber hecho correr a otra mujer, y por la lengua que lamía su coño, que todo hay Que decirlo, empezó a correrse ella. ¡Corridón! Ya Wanda había acabado de gemir y de sacudirse y aún ella llevó unos segundos temblando con el placer.

Al acabar se quedaron boca arriba sobre la alfombra. Luego, sin darse un triste beso, se levantaron, Diana volvió a coger la fusta, me miró, y me preguntó:

-¿Qué miras, cabrón?

Me dio otra vez con la fusta, esta vez en la entrepierna.

-Traaas.

Puse cara de pocos amigos. No le gustó. Me dio con la fusta en la polla.

-Traaas.

-A mí no me mires así, cabrón.

-Traaas, traaas.

Le eché una de esas miradas que matan. Wanda, le dijo a Diana:

-Dame a mi la fusta ya verás como lo hago sonreír.

Se la dio y me largó con más fuerza en la polla.

-¡Traaas!

¿Reírme yo? Me estaba gustando, Pero... ¡Alguien me las iba a pagar. Viendo lo cabreado que estaba, Diana, tuvo cojones para decirle a Wanda:

-Suelta a la fiera.

Wanda, no las tenía todas con ella.

-¡¿Seguro?!

-¡Qué lo sueltes, carajo!

-No me chilles que la fusta la tengo yo.

Diana, puso cara de mala.

-¡A que me tiro a tu yugular!

Wanda no quiso saber si la amenaza era cierta. Me soltó. Me levanté de la cama. Fui al armario y cogí un bate de béisbol. Golpeando con el bate en una mano, y sonriendo, me dirigí hacia ellas.

Diana estaba asustada y Wanda se escondía detrás de ella. Diana, temblando, me dijo:

-Esto no entraba en el juego, José. Me estás preocupando.

-¿Tienes condones, Wanda?

La joven, balbuceó.

-Te, te, te, tengo.

-Coge uno y méteselo al bate.

La muchacha le metió un condón extra grande al bate por la parte de la empuñadura.

Cogí la fusta.

Ponte a cuatro patas, Wanda.

-Yooo.

Levanté el bate y se puso a cuatro patas al momento. Hablé con Diana.

-Mete el bate entre las piernas, agarrálo con las manos y fóllala con él.

-Es muy gordo, deja que le eche lubricante.

Al rato, Wanda y Diana, disfrutaban como locas. Diana, frotando el coño contra el Bate y Wanda recibiendo dentro de su coño aquella cosa gorda y dura.

Fue Diana la que se corrió primero, Wanda, al oír sus gemidos de placer, se corrió con ellos.

Tan pronto como acabaron de correrse, agarré a Diana por las nalgas, la levanté en alto en peso, la empotré contra la pared, y antes de un minuto, me corrí dentro de su coño.

Cuando acabé de correrme, Wanda, ya se había puesto el abrigo. Le pregunté:

-¿Te vas?

Recogiendo sus cosas, me respondió:

-Sí, sois los clientes más locos con los que me he encontrado.

Cómo había cobrado por adelantado, se fue.

Al quedar a solas... Echados sobre la cama, me preguntó Diana:

-¿Qué era eso que me querías preguntar, tío?

-Deja a tu novio y vente conmigo a vivir...

No me dejó terminar.

-Creo que has confundido el juego con la realidad.

-¿Es que ya no me quieres?

-Claro que te quiero, tío, a ti te quiero, pero a mi novio lo amo.

Se me vino el mundo encima, pero disimulé, y le dije:

-Menos mal que la pregunta era parte del juego, que si no...

Me dio un beso, y me preguntó:

-¿Si no, que?

Le devolví el beso y le respondí:

-Nada, cariño, nada.

Quique

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